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sábado, 15 de mayo de 2010

Ultimatum.. .


Traduje esto con bastante facilidad: nada de amigos licántropos.

Sabía que debía ser paciente con Edward. La cuestión no estaba en que fuera irrazonable, sino en que simplemente, no lo entendía. No tenía idea de cuánto era lo que le debía a Jacob Black, varias veces mi vida, y quizá también, mi cordura.

No quería hablar con nadie acerca de aquel tiempo yermo y estéril, y menos aún con él, que con su marcha sólo había intentado defenderme, salvar mi alma. No podía considerarle culpable por todas aquellas estupideces que yo había cometido en su ausencia, o del dolor que había sufrido.

Pero él sí.

Por ello tenía que poner mis ideas en palabras con muchísimo cuidado.

Me levanté y caminé alrededor de la mesa. Me abrió los brazos y yo me senté en el regazo de mi novio, acurrucándome dentro de su frío y pétreo abrazo. Le miré las manos mientras hablaba.

—Por favor, sólo escúchame un minuto. Esto es algo mucho más importante que el capricho de no querer desprenderse de un viejo amigo. Jacob está sufriendo —mi voz tembló al pronunciar la palabra—. No puedo dejar de ayudarle ahora, justo cuando me necesita, simplemente porque no es humano todo el tiempo. Estuvo a mi lado cuando yo me había convertido también en... algo no del todo humano. No te haces una idea de cómo fue... —dudé, porque los brazos de Edward se habían puesto rígidos a mi alrededor, con los puños cerrados y los tendones resaltando—. Si Jacob no me hubiera ayudado... No estoy segura de qué hubieras encontrado cuando volviste. Le debo mucho más de lo que crees, Edward.

Levanté el rostro con cautela para mirarle. Tenía los ojos cerrados y la mandíbula tensa.

—Nunca me perdonaré por haberte abandonado —susurró—, ni aunque viva cien mil años.

Presioné mi mano contra su rostro frío y esperé hasta que suspiró y abrió los ojos.

—Sólo pretendías hacer lo correcto. Y estoy segura de que habría funcionado con alguien menos chiflado que yo. Además, ahora estás aquí y eso es lo único que importa.

—Si no me hubiera ido no tendrías necesidad de arriesgar tu vida para consolar a un perro.

Me estremecí. Estaba acostumbrada a Jacob y sus comentarios despectivos ‑chupasangre, sanguijuela, parásito‑, pero me sonó mucho más duro al oírlo en su voz aterciopelada.

—No sé cómo decirlo de forma adecuada —comentó Edward, y su tono era sombrío—. Supongo que incluso te sonará cruel, pero ya he estado muy cerca de perderte en el pasado. Ahora sé qué se siente en ese caso y no voy a tolerar que te expongas a ninguna clase de peligro.

—Tienes que confiar en mí en este asunto. Estaré bien.

El dolor volvió a aflorar en su rostro.

—Por favor, Bella —murmuró.

Fijé la mirada en sus ojos dorados, repentinamente llenos de fuego.

—¿Por favor, qué?

—Por favor, hazlo por mí. Por favor, haz un esfuerzo consciente por mantenerte a salvo. Yo hago todo lo que puedo, pero apreciaría un poco de ayuda.

—Me lo tomaré en serio —contesté en voz baja.

—¿Es que realmente no te das cuenta de lo importante que eres para mí? ¿Tienes alguna idea de cuánto te quiero?

Me apretó más fuerte contra su pecho duro acomodando mi cabeza bajo su barbilla. Presioné los labios contra su cuello frío como la nieve.

—Lo que sí sé es cuánto te quiero yo —repuse.

—Eso es comparar un árbol con todo un bosque.

Puse los ojos en blanco, pero él no pudo verme.

—Imposible.

Me besó la parte superior de la cabeza y suspiró.

—Nada de hombres lobo.

—No voy a pasar por eso. Tengo que ver a Jacob.

—Entonces tendré que detenerte.

Sonaba completamente confiado en que no sería un problema para él.

Yo estaba convencida de que llevaba razón.

—Bueno, eso ya lo veremos —faroleé de todos modos—. Todavía es mi amigo.

Sentía la nota de Jacob en mi bolsillo, como si de pronto pesara tres kilos. Podía oír sus palabras con su propia voz y parecía estar de acuerdo con Edward, algo que no iba a pasar nunca en la realidad.

«Eso no cambia nada. Lo siento».



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